El placer de fumar, tanto en la intimidad como en los sitios públicos, es una vieja costumbre practicada desde hace mucho tiempo en nuestro planeta. En Venezuela, por ejemplo, a inicios de la segunda mitad del siglo XX proliferaron, con mucha publicidad y aceptación, distintas marcas de cigarrillos. Entre la categoría de bajo costo figuraron: Caítolio, Negro Primero, Mascota y Morocota y Bandera Roja. Para entonces, se vendían a precios populares tanto en las bodegas como en los botiquines, las llamativas cajetillas de Cumbre, Alas, Lido, Fortuna, Belmont, Cocktail, Record, York, Astor (rojo y azul), Royal, entre las más solicitadas. Además, eran comercializadas en altos precios para los distinguidos clientes de postín, las finas marcas de moda de entonces: Viceroy, Wiston, Camel, Philips Morris, Kool (mentolado), Marlboro, Chesterfield, Parliament, Mapleton y otras marcas de renombre. Como si fuera poco, se ofrecían las sofisticadas cajetillas de los cigarros: Park Avenue y Du Maurier.
A lo antes expuesto, para aquella época existían también los empedernidos fumadores del Habano Cubano, así como también los que preferían el tabaco casero venezolano. Además, había un grupo numeroso de personas las cuales disfrutaban masticando chimó de las innovadoras marcas favoritas de la época: Mapora, Juan Bimba y El Corozo.
Entre las curiosidades de algunos fumadores de cigarros de la segunda mitad del siglo XX, figuraba la moda de fumar recostado a un poste de la luz, mientras que otros lo hacían poniendo el pie derecho en la pared del frente de su casa. También era notorio en esos años, los que aspiraban el humo de su vicio para luego expelerlo en forma de bolitas. Sin dejar de mencionar el atrevimiento de algunas abuelas, quienes disfrutaban fumándose su tabaco con la “candela pa’dentro”.
A lo antes expuesto, no debe olvidarse a los asiduos fumadores de tabaco picado, los cuales lo hacían utilizando elegantes pipas. Uno de ellos fue el diestro mecánico sanfelipeño Luis Benigno Prado, ampliamente conocido en la ciudad como “Don Chema”
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