Periodista Ricardo Tarazona-. Tras cinco meses de una dura travesía marcada por la sombra de la injusticia, el municipio Páez del estado Yaracuy celebra el regreso de una de sus voces más queridas.
La docente y dirigente social Mónica Martínez ha recuperado su libertad plena, cerrando un capítulo de 150 días de cautiverio por motivos políticos para reencontrarse con su tierra y su gente.
Con la mirada puesta en el futuro y un espíritu inquebrantable, Martínez recibió la notificación de sobreseimiento de la causa con base en la Ley de Amnistía, reafirmando su fe, "Agradecida primeramente con Dios por mi libertad; es un derecho que nunca debí perder, es duro estar privada de ella, pero es mucho más doloroso vivirlo siendo inocente", expresó.
Martínez, conocida en los municipios Páez y Bolívar por su incansable labor social, recordó que su detención fue el precio de su solidaridad, durante años exigió soluciones para los cortes eléctricos, la falta de agua y las deficiencias del aseo urbano.
"¿Ese fue mi delito? ¿Estar del lado del ciudadano cuando se quemaban sus electrodomésticos o cuando no había servicios básicos?", reflexionó Martínez, quien estuvo recluida en el centro "La Crisálida" en Los Teques, enfrentando cargos de terrorismo e incitación al odio que hoy quedan atrás ante su libertad.
Lejos de guardar rencor por los días vividos, la docente emerge como un símbolo de la mujer resiliente, su mensaje no es de confrontación, sino de una profunda esperanza dirigida a las madres y trabajadoras que, como ella, resisten las adversidades diarias.
"Mi mensaje es para esa mujer que, en medio de la oscuridad, nunca dejó de creer, a la madre venezolana que resistió años de desidia, nuestro momento ha llegado, tenemos un papel protagónico en la construcción de una nueva Venezuela", afirmó con convicción.
Para Martínez, el camino hacia una mejor sociedad no admite el odio como material de construcción, su libertad no es solo un triunfo personal, sino una invitación a la reconciliación nacional.
"Nada se puede construir en base al odio; es necesario levantar el país con amor, fe y perdón".
Hoy, Yaracuy recupera a una líder que sueña con un país donde pensar distinto no sea un riesgo, y donde los Derechos Humanos sean la garantía fundamental para que ningún otro ciudadano tenga que ver su libertad interrumpida por sus ideales.

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